Una lectura indispensable en tiempos en los que entender nuestra adicción energívora es fundamental para prepararnos para las transiciones inminentes (e inevitables si queremos que lo que hemos construido en 10 000 años tenga algún futuro).
Es mi primer libro de Smil, a quien conocí a través de las repetidas recomendaciones que en libros, documentales y columnas hace Bill Gates sobre su obra. No será, definitivamente, el último. Y es que Gates no se equivoca en sus recomendaciones. Vaclav Smil es sencillamente un «monstruo» y eso queda reflejado en este impresionante libro.
La primera sorpresa que me llevé fue la de encontrarme con un libro de divulgación tecnológica que parece más bien un artículo científico de revisión de 600 páginas.
Antes que huyan despavoridos de la reseña y del libro, déjenme aclararlo mejor.
A diferencia de la mayoría de los libros de ensayo divulgativo, llenos de notas y referencias al final (que a veces llegan a ser hasta la mitad del libro) o de (incómodas) notas al pie, Smil usa el estilo académico de citar las fuentes al estilo Harvard (Smil, 2021).
A pesar de esto, y muy curiosamente, el libro no tiene una sección de bibliografía (en la que tampoco cabrían «cómodamente» los centenares de citas bibliográficas); entiendo, sin embargo, a los editores por haber decidido suprimirla. Ello habría implicado un exceso de páginas para incluir información que puede encontrarse en cualquier parte.
Justamente viendo las citas de este libro llega uno a reconocer por qué Smil ha sido reconocido como el más influyente experto mundial en temas de energía. Calculo que entre un 30 % y un 40 % de las referencias incluidas en el libro son a sus propios trabajos, la mayoría de los últimos 10 a 15 años. Unos dirán que es obvio que se cite a sí mismo. Para otros, como yo, este hecho me dio razones permanentes para seguir leyendo el texto, a pesar de que puede volverse un poco denso a ratos.
Otra cosa que me gustó del libro, y que es más propia de un texto académico, es el uso de recuadros explicativos (el equivalente a las notas al final de la mayoría de los libros de ensayo) en los que Smil profundiza en algunos temas interesantes, realiza una reflexión particular sobre algún asunto o presenta un «cálculo» cuyo resultado cita en el texto.
«¿Cálculo? ¡No me jodás!»
Sí, así como lo oyen. Si se van a animar a leerlo, hay que prepararse para una buena dosis de física y un poco de aritmética. Y es que para entender la energía, que es un concepto físico, y la historia de nuestra relación con ella, no se puede ir simplemente por ahí soltando anécdotas, conceptos y reflexiones. Como decimos por aquí, «sin números, ni pío». Pero tampoco se imaginen un libro lleno de ecuaciones o diagramas técnicos. A lo sumo multiplicaciones, conversiones de unidades, múltiplos y submúltiplos de 10 y muchos prefijos griegos (kilo, mega, giga, tera, exa, etc.).
El libro es un tesoro de datos asombrosos y una ruina en notas Post-it para quien quiera resaltarlos todos (yo tuve que, con dificultad, contenerme un poco). Les suelto algunos al azar (en realidad voy a abrir el libro en páginas al azar y citar el primer dato que me encuentre):
Los humanos en la era industrial no comemos patatas producidas con energía solar, sino patatas parcialmente producidas con petróleo; toda transición del uso de unas formas primarias de energía a otras (madera, carbón, petróleo, luz solar) requiere el uso intensivo de energías existentes y es por eso que la transición a las renovables no dejará de usar combustibles fósiles; los microchips se han convertido en el artefacto complejo más omnipresente de la civilización moderna, cada año se producen más de 200 000 millones de ellos; en 2000, un lumen de luz en el Reino Unido costaba solo el 0,01 % de lo que costaba en 1500 y el 1 % de lo que costaba en 1900.
Y así podría continuar por dos o tres reseñas más.
La estructura del libro es quizás su mejor atributo. Tampoco es muy impredecible: una presentación cronológica de la relación de la humanidad con la energía, desde nuestros remotos antepasados que extraían energía del sol capturada en los frutos que recogían o en los animales que se alimentaban de ella, hasta los reactores de fusión nuclear experimentales del presente. Literalmente 2 millones de años de manipulaciones energéticas comprimidas en 600 páginas.
Los primeros capítulos son pesados, especialmente el de la agricultura tradicional. Como es fácil que sean también estos primeros capítulos los que deberían enganchar, le recomiendo a cualquiera que se vaya a montar en este tren que tenga paciencia y no se apresure a abandonar el libro porque no le interesa mucho el papel que jugaron las innovaciones en el collar de los caballos de tiro o en el arado durante la dinastía Qing.
Las cosas empiezan a ponerse realmente emocionantes a partir del capítulo 4. Si son del team impacientes, pueden saltarse el capítulo 3 completo e ir directamente al capítulo 4. Pero si son aún más impacientes y no quieren una clase de 500 páginas y más bien gozar un buen resumen de la historia de la civilización en función de la energía, lean primero el capítulo final, «La energía en la historia del mundo», una verdadera joya.
En fin, son 600 páginas y miles de datos; Goodreads solo me da como 30 000 caracteres (y a los que verdaderamente les gusta la historia de la tecnología, posiblemente solo necesiten 240 caracteres para animarse a leer).
Dejen de consumir energía en la pantalla y vayan a consumir energía intelectual (que, como aprendí en este libro, es de las más baratas que existen) leyendo el fantástico libro de Smil.
