Frankenstein

Mary Wollstonecraft Shelley

Reseña por Jorge I. Zuluaga

Portada de Frankenstein

Fecha de reseña: 2025-11-09

★★★★★ 🤓 93

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Como me ha pasado ya en otras ocasiones, emprendí la relectura de esta obra motivado principalmente por el estreno reciente de una nueva película inspirada en este clásico de la literatura romántica.

Me refiero, nada más y nada menos, que al estreno en 2025 de la cinta del afamado director mexicano Guillermo del Toro, experto, precisamente, en llevar al cine este tipo de historias. Como nos sucede a muchas personas que somos amantes no solo de la literatura, sino también del cine, no quería que las imágenes de la película o las distorsiones inevitables que el cine, con sus naturales limitaciones de tiempo y espacio, produce en estas historias, arruinaran mi experiencia de la obra.

Había leído Frankenstein quizás 15 o 20 años antes (ni siquiera puedo precisarlo) y, afortunadamente, mi memoria es lo suficientemente frágil como para no recordar casi nada, de modo que pude disfrutar de su lectura como si fuera la primera vez.

Hablando de mi memoria y de este libro, lo que más me sorprendió fue no recordar ni siquiera la forma en la que está narrada la increíble historia de Victor Frankenstein o la organización muy original de los capítulos que componen esta obra.

Que sea entonces este el momento para contarlo y recordárselo a mi «yo» futuro, que leerá esta reseña casi con seguridad antes de su tercera relectura.

«Frankenstein, o el moderno Prometeo» es una historia narrada en primera persona por el aventurero y naturalista Robert Walton, quien nos cuenta sus aventuras y peculiar hallazgo a través de una serie de extensas cartas dirigidas a su hermana en Inglaterra, mientras realizaba un viaje con rumbo al polo norte.

En estas cartas, Walton reconstruye su encuentro con el doctor Victor Frankenstein y su monstruo en las heladas y solitarias llanuras del océano Ártico, al norte de las costas de Rusia; en ellas transcribe en detalle la narración, de boca del mismo Frankenstein, sobre su increíble y triste historia. Además, y en la que podría considerarse una especie de muñeca rusa literaria, Walton reproduce a su hermana la historia que el mismo monstruo le cuenta a Victor Frankenstein sobre lo que fueron sus primeros años de vida y su triste encuentro con los humanos.

Por supuesto, el personaje de Walton es completamente ficticio, pero no deja de sorprenderse uno por la imaginación y creatividad de la joven Mary Wollstonecraft, quien compuso esta obra en 1816, con tan solo 18 años y durante un sombrío verano que vivió con sus amigas y amigos, entre ellos el poeta Percy Shelley, quien se convertiría posteriormente en su esposo; que una joven autora hubiera escogido esta manera de componer la historia y aquel curioso lugar (el océano Ártico) para que se desarrollara, le da, a mi parecer, más méritos de los que ya su dramatismo y originales personajes le merecen.

Una anotación al margen de la obra y más sobre su autora: yo también soy de los que se niegan a llamar a Mary Wollstonecraft Godwin «Mary Shelley»; hacerlo es darle demasiado mérito a quien por sí mismo ya había cosechado fama, Percy Shelley, pero cuya obra no ha sobrevivido tan bien al paso del tiempo como la novela de Wollstonecraft. Además, Mary, la autora de Frankenstein, es homónima de la admirada teórica y activista feminista que fue su madre. No más Mary Shelley y mucho más Mary Wollstonecraft al cuadrado.

El libro, sea que se conozca la historia o no, te engancha desde las primeras páginas. Está increíblemente bien escrito (y bien traducido, al menos así me pareció la edición de Austral que tuve la oportunidad de leer y que se considera de las mejores traducciones al castellano) y está lleno de emoción y dramatismo. Una perfecta representante del género de la novela gótica romántica.

Para quienes, como yo, apreciamos más el realismo que la fantasía, incluso en las novelas de ciencia ficción (algunas personas consideran a Frankenstein una obra de este género), muchos apartes de la novela no son fáciles de aceptar y le restan un poco de valor.

Sin pretender arruinarles las sorpresas, por ejemplo, la posibilidad de que la criatura sobreviviera escondida en un cobertizo sin ser descubierta, o de que aprendiera francés, o de que aprendiera a leer tan solo escuchando unas conversaciones o viendo de lejos unos textos, o de que siguiera a Frankenstein en un periplo geográfico, incluyendo viajes por el mar, sin ser nunca descubierto, y mucho menos que llegara hasta el Ártico, son simplemente asuntos inverosímiles que, repito, le restan valor a la historia, al menos desde la perspectiva de alguien que ama el drama, pero menos la fantasía.

Claro que me dirán que no hay nada más inverosímil que la idea de volver a la vida a una persona (o a partes de varias personas), pero creo que, aceptado ese hecho (como se deben aceptar muchas cosas centrales en las obras de ficción), lo demás podría haber sido mucho más realista como, hay que reconocer también, son muchos de los otros apartes de la novela.

Lo que sí me queda muy claro es que esta novela no tiene casi nada que ver con muchas de las historias, casi caricaturas, que se han derivado de ella y que han pasado por la televisión y el cine. Empezando por la absurda distorsión de llamar Frankenstein al monstruo, pasando por las aventuras ajenas a la novela que vemos en otras adaptaciones, hasta llegar a la aparición de un personaje femenino que... bueno, ya no quiero arruinar ninguna sorpresa.

Ahora sí estoy listo para ver la adaptación de Guillermo del Toro, solo espero no decepcionarme mucho.

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