Emperor of Rome: Ruling the Ancient Roman World

Mary Beard

Reseña por Jorge I. Zuluaga

Portada de Emperor of Rome: Ruling the Ancient Roman World

Fecha de reseña: 2023-12-09

★★★★★ 🤓 96

Ver detalles · Ver reseña en GoodReads (necesita cuenta)

¡Genial regreso de la Mary Beard de SPQR!

Después de leer algunos de sus libros (La herencia viva de los clásicos, Doce césares, etc.), me había un poco defraudado la profesora Beard como divulgadora. O mejor, terminé entendiendo que sus editores se habían aprovechado de la fama que le había reportado su best seller más conocido, SPQR, para publicar —o, mejor dicho, compilar— algunos de sus textos académicos más pesados como si fueran verdaderas obras de divulgación.

Con "Emperador de Roma", sin embargo, he recordado plenamente lo que hace de Mary Beard una de las más importantes divulgadoras de la historia del presente, pero también una de las más originales pensadoras de la historiografía moderna.

Lo mejor de los libros de la profesora Beard, y en esto "Emperador de Roma" no es la excepción, es que son un poco impredecibles.

En este libro, que está dedicado, como se adivina en el título o en la contraportada, a la vida de los emperadores de Roma, esperarías —o al menos eso me pasó a mí— una colección de biografías cortas, aunque amenas y tal vez salidas del molde, de los más de 30 individuos que ocuparon la máxima posición del Estado, como quiera que la llamemos (Princeps, Imperator, Caesar, Augustus), y la religión romana por un par de siglos después de la truncada dictadura de Cayo Julio César.

Pero no. La profesora Beard nos sorprende con un conjunto de elaborados ensayos —que, por elaborados, no dejan de ser ilustrativos, entretenidos y hasta chistosos— sobre distintos aspectos de la autocracia romana. Desde los aspectos más serios y académicos, como los criterios de sucesión, la definición misma de lo que era ser emperador en Roma, su trabajo cotidiano como administrador y líder de la iglesia —si me permiten el anacronismo— y sus viajes por el imperio; pasando por aspectos sobre los que se ha escrito menos divulgación histórica de la que pensaríamos, tales como la arquitectura de las casas o las villas imperiales, la representación artística del emperador y su familia —un tema que había tratado en extenso en "Doce césares"—, el proceso de deificación y el significado que tenía en la Roma imperial estos "nuevos" dioses; hasta llegar, y de eso va una buena parte del libro, para fortuna de las personas que leemos por placer estos textos, a los aspectos más cotidianos, y no por ello menos esenciales, de la vida de los emperadores: los banquetes, la gente que les rodeaba (esclavos, libertos, funcionarios, senadores, etc.), las actividades en las que ocupaban su tiempo libre y sus relaciones familiares y sexuales.

Así pues, en lugar de repetir los lugares comunes de tantos libros de historia en los que simplemente se relata la vida de los 30 césares, Mary Beard nos trae una versión nueva de la institución imperial romana; una aproximación fuera del molde que nos permite acercarnos mejor a esta figura desde adentro (la familia, los sirvientes, el emperador mismo) y desde afuera.

Al principio mencionaba que una de las mejores cosas de los libros de Mary Beard es su aproximación original a los tópicos de los que trata. Esta característica me ha cautivado casi desde el principio de este libro. Donde esperarías encontrar una nueva condena a la sevicia de los crímenes de los más brutales emperadores —Calígula, Nerón, Domiciano—, te encuentras con preguntas muy válidas sobre cuánto de lo que se escribió sobre esos mismos personajes no fue, en realidad, una exageración producto del momento en el que se redactó (justo después de que el personaje respectivo fuera asesinado, se suicidara o décadas después de que ocurrieran los hechos).

Y es que, como nos hace caer en cuenta la profesora Beard, algunas de las peores cosas que se cuentan de los emperadores más viles —la pedofilia de Tiberio, la locura de Calígula, la piromanía de Nerón, los crímenes sanguinarios de Domiciano, las conductas erráticas de Heliogábalo— ocurrieron sin que el Estado romano colapsara. Al contrario, algunas de esas cosas tuvieron lugar en los momentos de máxima gloria del Imperio romano. Todo esto podría mostrar que, sin negar las atrocidades de muchos de ellos, algunas cosas con seguridad eran más mitos que situaciones cotidianas en la corte, o que, como también lo leemos en este libro, el Imperio tenía una estructura administrativa mucho más compleja y autónoma de lo que hemos pensado. Los emperadores eran autócratas en un imperio que, en los momentos de máximo esplendor, tenía también vida propia.

Aunque la profesora Beard es una experta y autora en una disciplina científica históricamente dominada por hombres, donde la visión androcéntrica es casi una constante —una visión que se manifiesta precisamente en la admiración casi irreflexiva de las instituciones excluyentes, competitivas y militaristas romanas—, sus escritos sobre Roma siempre tienen un enfoque de género que los hace distintos a lo que se ha escrito previamente sobre el tema. En un libro que está dedicado a los 30 hombres más poderosos de la historia de Roma, Mary Beard encuentra lugar para hablar de muchas de las mujeres, esposas, hijas, incluso esclavas o libertas, que les rodeaban. Cualquiera podría decir que esto lo han hecho también todas las personas, autores y autoras, que han escrito sobre Roma en el pasado. Pero no. En los escritos de la profesora Beard resalta su visión crítica del rol de esas mujeres en las historias del Imperio romano. Su válido escepticismo frente a las descripciones casi siempre negativas de esos personajes, su reconocimiento abierto de que gran parte de la mitología que rodea a las Livias, las Agripinas, las Mesalinas y las Julias viene de una misoginia evidente entre los historiadores contemporáneos —todos ellos hombres— y, naturalmente, de sus lectores modernos.

La selección de los emperadores de los que habla Mary Beard en este libro también me ha parecido sumamente llamativa. Como apasionado lector de libros de ensayo o de novelas sobre Roma, siempre había pensado que la enumeración completa de los emperadores romanos, desde Augusto hasta el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, sería imposible. En "Emperador de Roma", Mary Beard nos propone algo más simple: la institución imperial romana, como se concibió —o construyó— durante el principado de Augusto, terminó técnicamente con Alejandro Severo en el año 235 e.c. Durante esos casi 250 años, prácticamente la institución imperial no se modificó. Como explica Beard, si despertaras a un senador o a un liberto de la corte de Augusto 200 años después, en pleno principado de Caracalla, por ejemplo, aquella persona no reconocería muchas diferencias en la administración del imperio o en las costumbres de la corte.

De los 10 capítulos del libro, los que más me han gustado están al final: "Emperadores en el extranjero", "Cara a cara" y "Creo que me estoy convirtiendo en un dios". Tal vez es porque a esa altura de la lectura ya me había enganchado lo suficiente con la presentación de los temas, o tal vez porque efectivamente son los temas más atractivos de todos. Con esto quiero decirles que, si comienzan el libro, no lo dejen por la mitad. Las mejores cosas tal vez están al final.

Si son de las personas que aman la buena divulgación histórica, "Emperador de Roma" es un texto obligado. ¡No dejen de leerlo!

Crea un post para instagram: estilo completo, estilo cuadrado