Marco Aurelio y los límites del imperio (Spanish Edition)
Reseña por Jorge I. Zuluaga

Ver detalles · Ver reseña en GoodReads (necesita cuenta)
No esperaba menos de Pablo Montoya, de quien he tenido la oportunidad de devorar con placer casi todas sus novelas de este género.
Después de leer un buen número de novelas históricas que se desarrollan en la antigüedad griega o romana, especialmente durante el período imperial romano, debo decir que a "Marco Aurelio y los límites del imperio" no le falta nada de lo que vemos en las mejores obras del género, en los libros de Massimo Manfredi, Posteguillo, Caldwell o Yourcenar. Al contrario, la novela se enriquece por la experiencia y la vena poética del profesor Montoya. Mejor dicho, después de leer este libro, que vengan muchas más novelas históricas de Roma escritas por poetas.
Como seguramente lo leyeron en la descripción, "Marco Aurelio y los límites del imperio" es una novela histórica biográfica —o podríamos decir autobiográfica, porque está escrita en primera persona— de Marco Aurelio Antonino, el emperador romano del segundo siglo de nuestra era, hijo adoptivo del ampliamente reconocido emperador Publio Elio Adriano —o simplemente Adriano— y de su sucesor inmediato Tito Aurelio Antonino —mejor conocido como Antonino Pío—. Marco Aurelio también es reconocido en la cultura popular como el padre biológico del emperador Lucio Aurelio Cómodo, que aparece representado —casi caricaturizado— por Joaquin Phoenix en la película Gladiator.
En particular, la novela se desarrolla especialmente durante los años en los que Marco Aurelio estuvo ausente de Roma en las campañas contra las tribus germanas en la frontera norte del Imperio (de allí su nombre) hasta su muerte en una de esas campañas (representada también en la película Gladiator antes citada). El profesor Montoya también reconstruye en esta novela algunos episodios de su juventud, educación y recorrido por la vida pública romana —su cursus honorum—, aunque lo hace en la forma de recuerdos que el propio emperador cita en medio de sus reflexiones.
No deja de producirme admiración cómo una persona del presente puede realizar este ejercicio increíble de transportarse en el tiempo a una sociedad que, por muchas referencias históricas que tengamos, desapareció hace tiempo.
No dejaré de preguntarme —tal vez hasta que no lo intente yo mismo, ¿seré capaz?— cómo pueden reconstruir autores como Pablo Montoya los lugares, las situaciones cotidianas y las preocupaciones propias de personajes que murieron hace tanto tiempo y de los que, repito, solo tenemos referencias en textos antiguos, algunos de muy dudosa objetividad.
Tal vez sienta yo la misma admiración que otras personas sienten por mi profesión —soy físico y trabajo en astronomía—, pero creo no equivocarme al decir que es más fácil calcular fenómenos que ocurren a incluso billones de kilómetros o de los que nos separan miles de millones de años, pero que obedecen reglas estables expresables matemáticamente, que ponerse en la ropa de alguien que vivió hace "solamente" 2000 años en una sociedad diferente.
La novela tiene lo que llamaría apartes "luminosos", es decir, episodios, meditaciones y conversaciones que echan luz sobre aspectos de la sociedad romana de aquel tiempo como no había leído en otros libros, incluso en textos divulgativos y académicos de carácter historiográfico.
Así, por ejemplo, las reflexiones del Marco Aurelio de Pablo Montoya sobre la guerra, sobre el ejército y sobre los afanes de expansión territorial de Roma son excepcionales. Sus meditaciones sobre la importancia que tienen la religión o las supersticiones para el grueso de la sociedad romana son también de una factura muy aureliana, si se me permite la expresión, pensando en algunas de sus "Meditaciones".
Uno de los más brillantes momentos de la novela, para mí, es la conversación que sostiene el emperador con uno de sus amigos liberales, Livio Tértulo, y que se desarrolla en el capítulo que se llama precisamente "La conversación". Allí abordan el asunto de la que en ese momento era una ecléctica secta judía: el cristianismo. ¡Qué conversación! Una verdadera historia de la persecución romana, acerca del estatus que reclamaban los cristianos, de su filosofía y actitudes vistas desde la perspectiva de los patricios y, por supuesto, de la administración del Estado representada por el propio emperador. Pero también, más general aún, sobre la tolerancia religiosa y la diversidad cultural en sociedades relativamente homogéneas; sobre la esclavitud, los juegos sangrientos y sobre ser romano. ¡Y más! Tremenda lección se halla Pablo Montoya en este capítulo, repito, en mi concepto, el mejor del libro (al menos por su contenido).
Como una curiosidad en la que no dejo de pensar con placer, en la novela hay dos cameos (o anacronismos, como me explicó el propio profesor Montoya), es decir, aparecen en medio de la historia dos personajes de la modernidad cuyo pensamiento el autor logra poner en boca de personajes auxiliares de la novela que se encuentran con Marco Aurelio. Para no arruinar la sorpresa solo les puedo mencionar que uno de ellos es Arthur Schopenhauer y espero que sea un poco obvio el lugar en el que hace su aparición.
La novela del profesor Montoya reafirma mi pasión por la historia de Roma, que es lo que la buena divulgación científica en un sentido amplio de la palabra —y como he considerado siempre a las novelas históricas— debe lograr. Ojalá se vengan otras buenas novelas históricas de Pablo, de aquella sociedad, de aquellos tiempos o de cualquier otra. De su pluma solo espero lo mejor.
Crea un post para instagram: estilo completo, estilo cuadrado